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No existe religión sin objetos. Solemos pensar que la espiritualidad no necesita la materia, pero la observación de la realidad lo desmiente: hoy como ayer, muchos objetos hacen de mediadores entre lo cotidiano y lo divino. Esta idea de mediación, viva en las teorías de la comunicación modernas, en realidad ha sido elaborada durante siglos por el pensamiento religioso.
La Edad Media europea no fue una excepción. A pesar del fundamento platónico que oponía materia y espíritu, el cristianismo pronto reivindicó la materia como lugar posible de la manifestación divina. La cristiandad medieval, sobre todo en los últimos siglos, lo hizo además prestando atención a las propiedades de los propios materiales.
Esta exposición, concebida conjuntamente por el MEV, Museu d’Art Medieval, el Museu de Lleida, el Museu Diocesà i Comarcal de Solsona y el Museu d’Art de Girona, tiene como objetivo explicar diferentes aspectos de este fenómeno en el contexto de la Cataluña medieval. De las reliquias a las esculturas, de las imágenes pintadas a los objetos de metal, del pergamino al cristal, distintos instrumentos nos mostrarán los caminos materiales del alma para elevarse desde los sentidos hacia la trascendencia.
22 de noviembre 2025 – 8 de febrero 2026
MEV, Museu d’Art Medieval
MEV, Museu d’Art Medieval
Museu de Lleida
Museu Diocesà i Comarcal de Solsona
Museu d’Art de Girona
Los sentidos son las puertas primordiales por las que el mundo exterior accede al interior de la persona, también en términos espirituales. Hoy nos dejamos fascinar por los espectáculos multimedia, pero quizá olvidemos que en las sociedades premodernas también existían las experiencias multisensoriales. La liturgia medieval apelaba a los cinco sentidos de forma simultánea, tanto para construir una representación simbólica del cielo como para motivar la predisposición de los fieles a participar.
Cataluña, hacia 1400
Hierro forjado
MEV 2298
Aragón, siglos XIV-XV
Hierro forjado y burilado
Procedente de Monzón (Huesca)
MEV 4990
Cataluña o Limoges, siglo XVI
Cobre con esmaltes pintados
MEV 17165
Además de la forma de los objetos y de la iconografía de la que podían ser soporte, la propia materia con la que estaban hechos y sus propiedades también fueron objeto de especulación por parte del arte medieval, más allá de la simple idea de riqueza o de lujo. En ocasiones, el material y las imágenes interactuaban y se reforzaban mutuamente; otras veces, el brillo del oro, la transparencia del vidrio o la blancura del alabastro transmitían mensajes de forma más eficaz que las imágenes o las palabras.
Vic, último cuarto del siglo XIV
Pergamino miniado, madera, plata repujada, cincelado y esmaltado
Procedente de la catedral de Vic
MEV 2189
Cataluña, siglo XI
Alabastro
Procedente de Sant Pere del Grau (Lluçanès)
MEV 3964
En la teología cristiana, es nuclear la idea de encarnación: Cristo se hace hombre en la carne, que se convierte así en medio de la presencia de Dios. Este concepto tiene muchas consecuencias, desde la idea de presencia real en la Eucaristía hasta la costumbre occidental de esculpir imágenes como complemento del culto, pasando por todo lo relacionado con el cuerpo: las reliquias como restos corporales, la animación de cuerpos inanimados o la gestualidad.
Limoges (?), mediados del siglo XIII
Cobre (?) parcialmente dorado, grabado y con cabujones de pedrería
MEV 9736
El arte litúrgico de la Edad Media tenía como objetivo principal hacer visible lo invisible, no solo en forma de «retratos» de Dios, de la Virgen María y de los santos, sino a modo de aperturas por las que se podía percibir una realidad sobrenatural. La representación de la figura humana a partir de diferentes convenciones formales, la evocación de episodios con una fuerza capaz de transportar al espectador o la delimitación de los espacios donde Dios se hacía presente eran mecanismos corrientes en las obras de arte sacro en dos o tres dimensiones.
Cataluña, entre 1506 y 1507
Pintura al temple sobre madera, dorado
Procedente del retablo de la Trinidad de la Seu de Manresa (Bages)
MEV 10743
Especialmente en la Baja Edad Media, la adhesión a diferentes prácticas de piedad se hizo patente en los ambientes privados. En ámbitos domésticos, sobre todo acomodados, aparecieron objetos que reproducían en miniatura o evocaban los escenarios litúrgicos. Además, diferentes objetos portátiles (imágenes, cajitas, colgantes, recuerdos de peregrinación) o, incluso, determinados elementos de la decoración doméstica hacían presente en todo momento la dimensión espiritual y devocional en la vida cotidiana.
Maestro del Rosellón
Retablo
Cataluña del Norte (?), hacia 1400
Madera tallada y policromada
MEV 569
Cataluña, hacia 1400
Marfil entallado, con restos de policromía y dorado
MEV 3087
Algunos objetos procedentes de tierras lejanas acababan vinculados a usos religiosos o resultaban especialmente adecuados para vehicular la espiritualidad. Un vidrio o un metal raros podían ser dados por un noble a una iglesia para ser usados en el culto o, simplemente, integrados en su tesoro de mirabilia. También podían evocar un lugar significativo por su procedencia, forma o materia constitutiva. Sin poder aplicar el sentido moderno de interculturalidad ni, menos aún, el de convivencia religiosa, este tipo de piezas transitaron de una cultura a otra y, por tanto, fueron una especie de punto de encuentro entre mundos espirituales lejanos.
Córdoba, hacia el año 1000
Cristal y cera
Procedente de Sant Pere de Casserres (Osona)
MEV 2286