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Aunque la expresión «eres lo que comes» se usa para describir nuestro bienestar físico, también es aplicable a las relaciones sociales. Lo que se comía y cómo se comía en la Edad Media estaba relacionado con la posición que se ocupaba en la sociedad, por lo que la mesa del señor, la del monje y la del campesino eran muy diferentes. Sin embargo, tenían elementos en común: el pan y el vino no faltaban, ni tampoco las cucharas para los alimentos caldosos. En cambio, no había tenedores, ya que no se popularizaron hasta el Renacimiento. Los comensales comían con los dedos, pero solo con los tres primeros de la mano derecha, respetando así las normas de decoro. En este sentido y para contrarrestar algunos de los prejuicios sobre la Edad Media, cabe destacar que nuestros antepasados medievales se lavaban las manos con mucha regularidad y lo hacían antes, después y durante la comida.
Esta exposición trae al MEV la recreación de una mesa del siglo XIV de la Canónica de Santa María de Vilabertran. La taula parada. El gust per la història es un proyecto del Àrea de Monuments de l’Agència Catalana del Patrimoni Cultural. La instalación muestra una mesa del año 1300, puesta para el abad y los canónigos de la canónica ampurdanesa que, en ocasiones, compartían comida con los peregrinos que elegían Vilabertran como punto de partida de sus viajes.
22 de febrero – 18 de mayo de 2025
MEV, Museu d’Art Medieval
En la mesa del señor se usaban vajillas lujosas de cerámica esmaltada, orfebrería o vidrio soplado. Los aristócratas consumían grandes cantidades de carne, preferiblemente de caza, pues creían que les otorgaba la fuerza necesaria para luchar. Uno de los manjares más prestigiosos era el pavo asado, que se servía con las plumas de la cola y la cabeza intactas, de forma que daba la impresión de estar vivo. A los nobles también les gustaban los alimentos especiados, no para disimular la mala calidad de la comida, sino porque las especias exóticas, como la canela, el azafrán o el jengibre, eran símbolos de riqueza y prestigio. No todo el mundo podía permitirse especias traídas de Oriente ni acceder al pan blanco, otro alimento exclusivo de la mesa del señor.
Wauquelin, Jean: Livre des conquêtes et faits d'Alexandre, f.86r, anterior a 1467
(Petit Palais, Musée des Beaux-Arts, Paris)
Durante el Adviento y la Cuaresma, los monjes se abstenían de comer carne y se alimentaban de verduras, sopas y pescado. Las comunidades monásticas eran conocidas por sus huertos, donde cultivaban una gran variedad de hierbas y verduras, y por sus estanques, que les proporcionaban peces de agua dulce. Las comidas monacales se realizaban en silencio, mientras un hermano leía las Sagradas Escrituras, y la comunicación entre los monjes se realizaba mediante signos con las manos. A pesar de la frugalidad y contención de la dieta monástica, en algunas ocasiones se hacían excepciones, como cuando tenían invitados, como es el caso de la Canónica de Santa María de Vilabertran.
Henri Suso: L'horloge de Sapience, Manuscrits IV.111, f.20v, hacia 1455-1460
(Bibliothèque Royale de Belgique, Bruselas)
Esta recreación de una mesa del siglo XIV de la Canónica de Vilabertran muestra una mesa del año 1300, puesta para los canónigos y el abad de la canónica ampurdanesa, los cuales, en ocasiones, compartían comida con algunos peregrinos que elegían Vilabertran como punto de partida de sus viajes.
Invitados a la mesa de los canónigos
En verano del año 1300, Dalmau de Fortià era el abad de la Canónica de Santa María de Vilabertran. En la abadía vivían doce canónigos, además de una docena de sirvientes, entre ellos un cocinero, un panadero y un hortelano, junto con veinticinco trabajadores del campo. Sin embargo, en el refectorio solo comían los canónigos, aunque excepcionalmente podían invitar a algunos peregrinos distinguidos.
Los peregrinos
Gracias a la iconografía de Santiago el Mayor, representado como peregrino, conocemos los complementos que llevaban estos viajeros. Se cubrían la cabeza con sombreros de ala ancha para protegerse del sol, y para caminar se ayudaban con bordones de madera.
El refectorio, la mesa y los bancos
Habitualmente, en las abadías como la de Vilabertran, existía un refectorio de uso individual para los canónigos y un refectorio común, que usaba toda la comunidad en festividades y celebraciones solemnes.
Cubiertos, vasos y copas
Aunque en la mesa podía haber cucharas de madera, a menudo se bebía directamente de la escudilla. Los cuchillos que se usaban para cortar el pan y la carne eran los que los mismos invitados traían consigo, atados al cinturón.
La vajilla de cerámica
Los recipientes cerámicos más habituales de la mesa eran las escudillas —unas piezas básicas para tomar alimentos líquidos o semilíquidos como sopas, caldos o guisos— y los platos con ala para los alimentos sólidos. La comida se presentaba en servidoras que eran de uso compartido, al igual que los platos trincheros o discos de madera que se usaban para cortar la carne.
Botellas y jarras
En el ámbito doméstico, la botella de cristal se usaba tanto para servir el vino como para beberlo. Al tratarse de un objeto delicado de uso cotidiano, se han conservado muy pocos ejemplares.
Recreación de una mesa del siglo XIV de la Canónica de Vilabertran, forma parte del proyecto "La taula parada. El gust per la història", realizado desde el Àrea de Monuments de l’Agencia Catalana del Patrimoni Cultural
Canònica de Santa Maria de Vilabertran (Alt Empordà)
Maestro de las Figuras Anémicas: Retablo dedicado a san Martín de Tours, san Jaime, primera mitad del siglo XV (MEV)
Maestro del obispo Galiana (atribuido): Retablo de santa María Magdalena, tercer cuarto del siglo XIV (MEV)
Jaume Huguet: Retablo de san Agustín el Viejo, 1463-1486 (MNAC)
Servidora del flamenco o grúa, siglo XIII (Museu del Disseny de Barcelona)
Maestro del obispo Galiana (atribuido): Retablo de santa María Magdalena, tercer cuarto del siglo XIV (MEV)
En la Edad Media, el vino era usado como bebida, como ingrediente culinario y también por prescripción médica. Se consumía en grandes cantidades (unos dos litros por persona y día), pero eran vinos con una graduación alcohólica mucho inferior a la de los actuales, y a menudo se mezclaban con agua. En el siglo XIV el vino se clasificaba según su color (blanco, tinto o clarete) y calidad (bueno, mejor y aguado). Se apreciaban especialmente el vino fresco y afrutado (vino joven o del año), el vino dulce (llamado griego) y el vino especiado, macerado con miel y especias.
Libro de horas, Clm 28345, finales del siglo XV,
(Bayerische Staatsbibliothek, Munic)
La gastronomía catalana tiene sus raíces en la Edad Media, momento en que surgieron recetarios tan valiosos como el Llibre de Sent Soví, el Llibre de totes maneres de potatges de menjar, el Llibre d’aparellar de menjar, escritos en catalán a mediados del siglo XIV. A estos cabe añadir el Llibre del Coc, que apareció en Barcelona el año 1520 y es considerado el primer libro de cocina impreso en Cataluña. Se trata de cuatro recetarios capitales para conocer los orígenes de la cocina actual catalana.
Hemos seleccionado doce recetas de estos libros de cocina de la Edad Media para que, si te apetece, puedas recrear y disfrutar en casa de un auténtico banquete medieval. ¡Anímate a probarlas!
Estas recetas las elaboró la Escola d’Hostaleria d’Osona en el marco de «La Previa del Medieval», un proyecto en colaboración con Vicfires y el MEV.